Ultima actualización: 02 agosto 2020

Popeye, el sado y las espinacas

Popeye el marino dándole la vuelta a una sesión con una enigmática Ama, gracias al poder de las espinacas. Historieta de Scaramuix (seudónimo de Joan Romaní) publicada en el número 11 de la revista Bésame mucho. Año 1981.

Debe ser una de las primeras historietas SM de producción local publicadas en España durante la transición, con honores de portada. Como ya se ha comentado otras veces, el cómic fue decisivo para la recuperación de la presencia pública del imaginario BDSM en la España de la transición. 


Ultima actualización: 18 julio 2020

Pansy Ass: más kitsch que Lladró

Pansy Ass es la firma de una pareja de artistas de Toronto, Canadá (Andrew Walker y Kris Aaron), que desde 2015 han adquirido notoriedad por sus piezas de porcelana de un gusto descaradamente kitsch y de contenido erótico explicito. Mayoritariamente de orientación gay masculina, incluyendo referencias al BDSM.

En su propia página web declaran: “en nuestra obra exploramos la identidad y la cultura gay masculina utilizando la porcelana y el arte decorativo como medios. La fragilidad, la elegancia y el prestigio de la porcelana, así como su rol tradicional en el ámbito doméstico, la convierten en un interesante vehículo para explorar temas alternativos y populares de cultura, identidad y sexualidad”.

Los precios de las piezas de Pansy Ass, de producción limitada, oscilan entre los 80 y los 500 dólares.





Ultima actualización: 04 julio 2020

Bonding, la serie

Bonding es la serie de Netflix estrenada en 2019. Una temporada, 7 episodios de unos 15-20 minutos de duración cada uno. Se confirma que va a a haber una segunda temporada.

La trama: Tiff Chester es una estudiante de psicología que ejerce como dominatrix en Nueva York para sacarse un dinero extra. Puesta en su rol de dómina, Tiff es Ama May y al parecer tiene bastante éxito. Ama May contrata a su amigo Pete para que sea su asistente. Pete necesita la pasta y acepta, aunque al principio no acaba de sentirse cómodo con su trabajo. Pete es tímido y sus preferencias sexuales van por otro lado. Entre Tiff y Pete hay una tensión sexual no resuelta, como entre los protagonistas de tantas series de éxito.

Tiff enfoca su papel de Ama como un ejercicio de psicología, un juego de rol que culmina cuando lo representa frente a sus compañeras de clase. Para Pete, en cambio, ser Carter, el asistente de Ama May, es como una oportunidad de convertirse, dentro de la mazmorra, en el actor que siempre había deseado ser. Nada de infancias traumáticas o de pasados oscuros que redimir al estilo Grey. 

En realidad, Bonding no va de BDSM. O no va sólo de BDSM. Bonding no es un documental sobre BDSM. Bonding tampoco es una exaltación esteticista del látex, el cuero y los tacones de aguja. Bonding es una comedia envuelta en colores luminosos y alegres, explícitamente inspirados en Almodóvar. Adoptando tono de comedia, Bonding desdramatiza situaciones que enfocadas de otra forma podrían resultar francamente sórdidas. Véase, por ejemplo, como se trata la lluvia dorada en el episodio 2. Aunque no esconde la dificultad de socializarlo, Bonding transmite una imagen desenfadada del BDSM. Impagable la escena del Ama haciendo una sesión de cosquillas (cuando te podrías esperar azotes) en el episodio 4. O la de los pingüinos en el episodio 6. Importante: Bonding también nos presenta a una Tiff/Ama May valiente, que lucha contra el acoso sexual remarcando la diferencia fundamental entre BDSM consensuado y abuso.

Más allá del BDSM, en esta primera temporada, Bonding habla de lo complicada que puede ser, especialmente para “los raritos” del instituto (ambos protagonistas lo fueron, y eso es lo que los une) el tránsito a la vida adulta. De la lucha por construirse una identidad y relacionarse con los demás. Y sobre todo, Bonding habla franca y libremente sobre diversidad sexual. A ver qué aporta la segunda temporada.


Ultima actualización: 06 junio 2020

¡Vaya una mujer! Un látigo escurridizo

¡Vaya una mujer! es una de las típicas novelitas eróticas publicadas en nuestro país antes de la Guerra Civil española formando parte de colecciones populares como La Novela del día (a la que ya dedicamos una entrada del BdeWM) o Medianoche, de la que ¡Vaya una mujer! es el número 34.

Referencia del librito: F. Ros: ¡Vaya una mujer! Barcelona: Ediciones Medianoche, s.d. (hacia 1925-30) [Colección Medianoche, núm. 34] 32 páginas. lustraciones de Adán.

En la portada una mujer semidesnuda empuñando un látigo y tres hombres arrodillados a sus pies, elegantemente vestidos de frac. Esto parece sugerir una historia de dominación femenina, pero no es exactamente así. La portada resulta equivoca porque el relato es simplemente la historia de una mujer que se confiesa egoísta y que aclara: “mi egoísmo tiene dos fetiches a los que adora por encima de todo: el dinero y el placer. Llenar la bolsa y saciar la carne son para mi los dos fines más hermosos, más altos, y más completos de la vida” (p. 21-22). A lo largo del relato, el látigo no aparece por ninguna parte. Un ejemplo más de la utilización del sadomasoquismo y su iconografía como reclamo (en esta otra entrada he hablado del sadomasoquismo insinuado, un fenómeno bastante extendido en la literatura erótica)

La historia se desarrolla en cuatro partes y cada una de ellas culmina con la descripción bastante detallada de una escena amorosa. Estas escenas constituyen lo que realmente sustenta el librito.

Primera parte: Olga vive en La Haya, rodeada de lujos. Es una chica de buena familia, cuyo padre ha enviudado y se relaciona con Madame Marcela Paf, también viuda y muy fogosa. Y ahí vienen algunas páginas describiendo el encuentro entre ambos viudos.

Segunda parte: con dieciséis años. Olga abandona La Haya y decide marchar a París, en busca de libertad y de aventuras. Durante el viaje conoce a Rafael, un chico español, estudiante de ingeniería en Lieja. Y aquí unas cuantas páginas más describiendo la escena entre ambos en su departamento del tren expreso.

Tercera parte: han pasado 10 años. Olga ya tiene 26 y posee una mansión en Paris, en la rue Miromesnil: “soy rica, muy rica, y todas las revistas galantes y todas las ilustraciones y todos los periódicos que se publican en París y en las grandes capitales de Europa y América, de carácter frívolo, alegre o elegante, llevan mi nombre y las señas de mi casa” (p. 20)

Queda claro que Olga se dedica a la prostitución de alto standing pero también a la producción de cine porno: “soy dichosa almacenando dinero. He sido amante de los hombres más famosos, más ricos o más elegantes de Francia y aun de Europa… Toda la gente chic que desfila por París pasa por mis salones… Esto del salón ya saben lo que es, en una casa como la mía, las gentes elegantes que vienen a la Ville Lumière de todas las partes del mundo: hay un écran artístico, donde se pueden ver las escenas más seductoras del amor carnal a lo vivo, tomadas aquí, en mi casa, con mujeres hermosísimas, con hombres de una belleza de Apolo viviente… Hay una mujer de éstas a la que hay que pagar diez, doce y veinte mil francos para que se preste a…. todo y se deje tomar por la cámara cinematográfica en los momentos culminantes del amor. A veces contrato matrimonios o parejas que me cuestan un dineral; pero luego cada cinta de estas produce una fortuna… Tengo en mi casa restaurant galante, alcobas galantes, ciento veinte cuartos de baño… galantes también. El amor se practica aquí con una libertad, con una belleza y un marco de fastuosidad y de elegancia como nadie fuera de París puede sospechar.” (p. 22)

Olga tiene un amante, un tal Ives: “joven como yo, lleno de vida como yo, hermoso como yo… Los dos nos pedimos las caricias más raras, los besos más terribles, en un crescendo admirable de amor carnal… Nos hemos echado al suelo entarimado y aquí, sobre la piel del tigre de Bengala, nos pedimos mutuamente mil placeres locos, refinados, perversos… Nuestras actitudes son las más extrañas, las más lúbricas, las más feroces y terribles y obscenas que puede adoptar el cuerpo humano…Los dos bramamos, nos mordemos, nos lamemos por doquier… A momentos somos dioses…y en el momento siguiente somos cerdos… Esto lo es todo, el principio y el fin de nuestra vida…” (p. 27-28)

Cuarta y última parte: durante una estancia veraniega en Biarritz, una tal Madame Myrha se acerca a Mademoiselle Olga. Una vez en su casa “Madame Myrha se arroja sobre mi... Me besa, me muerde y murmura…” (p. 31) Lo que viene a continuación es fácil de imaginar.

Las ilustraciones del librito (tres más la de la cubierta) las firma Adán, que ilustró la mayoría de títulos de la colección Medianoche y que al parecer no es la misma persona que por aquella misma época firmaba “Adam” (esta última identificada como Joan Colom Agustí). F. Ros, que figura como autor del texto, es muy probablemente un seudónimo.


Ultima actualización: 01 junio 2020

Castle: el Ama siempre azota dos veces


Hace pocos días (cosas del confinamiento) conocí un episodio de la serie Castle que tiene trasfondo BDSM. Se trata de un episodio emitido por primera vez en el año 2010 y por tanto antes del fenómeno “Cincuenta sombras”, lo que me parece un dato a resaltar. Me estoy refiriendo al episodio numero 16 de la segunda temporada de Castle. Se titula “El Ama siempre azota dos veces” (en inglés, The Mistress always spanks twice) una parodia no muy afortunada del famoso “El cartero siempre llama dos veces”.


El asunto: una chica que investiga sobre sociología del sometimiento sexual y la dominación para su tesis en la imaginaria Universidad de Hudson, aparece asesinada rodeada de parafernalia BDSM. La investigación pasa por sex shops y se focaliza en un gabinete: la casa del dolor de Lady Irena (Lady Irena’s house of pain) supuestamente situada en una zona de Nueva York conocida como Dungeon alley, porque allí se concentran algunos locales de temática BDSM.

Interesante la caracterización del personaje de Lady Irena, una mujer madura que ejerció como abogada, se supone que de alto nivel, y que razona: “cuando dominas en todas las reuniones y juicios esto (la dominación profesional) es solo el siguiente paso”.


Y quizás lo más interesante de este episodio: queda claro (tanto por parte de la Dominatrix abogada como por parte de los investigadores) que la dominación/sumisión consensuada es una práctica perfectamente legal (en los Estados Unidos, obviamente).

Digamos que todo el trasfondo de este episodio de Castle apunta a una cierta normalización del BDSM. No voy a hacer spoiler pero sí os diré que incluso el desenlace del asesinato deja el BDSM completamente al margen. La normalización social del BDSM es siempre algo que merece ser destacado.

Ultima actualización: 23 mayo 2020

El libro de la máscara

Algunas cosas oscuras y peligrosas. El libro de la máscara y los enmascarados, de Servando Rocha (Editorial La Felguera, 2019). Un libro brillante. Un texto muy revelador sobre el potencial contracultural, subversivo y transgresor de las máscaras.


Ahora (COVID mediante) es tiempo de mascarillas. Pero las máscaras siempre han estado ahí. “Hemos sentido una y otra vez su presencia, en ocasiones amenazante pero siempre fascinante. Rebeldes, chamanes y terroristas, entre otros, han ocultado su rostro, usado el disfraz o defendido el anonimato, desde los tenebrosos Vigilantes, las antiguas sociedades secretas y los primeros klansmen, ocultos bajo impresionantes máscaras de animales, luciendo cuernos y armados con cuchillos, hasta el escurridizo Fantômas, el primer gran archivillano, y la belleza perturbadora de Irma Vep y Les Vampires, la sonrisa siniestra del Guy Fawkes de Alan Moore y David Lloyd en V de Vendetta y el pasamontañas negro del subcomandante Marcos o el multicolor de Pussy Riot.” (transcribo de la contracubierta)

La máscara es también una pieza fundamental del utillaje BDSM. Servando Rocha no le dedica un apartado específico dentro de su libro pero se aproxima al tema haciendo referencia a tres cuestiones: las implicaciones eróticas de la máscara (desde las máscaras galantes de los carnavales venecianos a la lechuza de Historia de O, últimamente parodiada en las “50 sombras”); John Willie, Bettie Page y la introducción de la máscara en el imaginario fetichista y, por último, William Seabrook y sus experimentos con capuchas de privación sensorial, tema al que ya dedicamos una entrada del BdeWM.


Dice Servando Rocha a propósito de Seabrook: “Dadaístas y surrealistas, a partir de la actitud apocalíptica y el mito del buen salvaje, buscaban algún tipo de paraíso perdido, algún suelo firme. Pero la búsqueda era casi a ciegas. Se relacionaban con artistas, pero también con magos, místicos y antropólogos de lo oculto, entre los que destacó William Seabrook, un personaje de biografía excesiva obsesionado por el contacto directo con las potencias invisibles de la mente y las culturas primitivas”.

El libro de la máscara y los enmascarados, de Servando Rocha. Un fascinante y oportuno homenaje a la máscara y su poder de ocultación en tiempos de mascarillas y del Gran Hermano digital que todo lo ve.

Ultima actualización: 31 marzo 2019

Látex y empoderamiento. Las superheroínas también van de látex


Apunte para una semiótica del látex. El reciente estreno de la película Capitana Marvel ha vuelto a poner en evidencia algo bien sabido: las superheroínas van de látex. Al igual que la Dominatrix BDSM. Unas de colores vistosos, otras de negro riguroso. Pero en ambos casos se trata de mujeres fuertes y empoderadas que comparten el látex como atributo.

superheroinas latex

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Ultima actualización: 27 enero 2019

Frankie Goes to Hollywood: Relax (1983)


Aquí la carátula de Relax. La canción que supuso la revelación del grupo Frankie Goes to Hollywood. Revelación con escándalo, por el potencial erótico de la letra y por el video, con toques leather BDSM, que fue censurado por la BBC.

Frankie Goes to Hollywood Relax 1983

La ilustración es obra de Yvonne Gilbert, que la había publicado anteriormente en la revista Men Only: una mujer pelirroja y vestida de cuero se relaja recostada sobre la espalda de un hombre desnudo y arrodillado: Relax, don’t do it, when you want to come

Ultima actualización: 12 enero 2019

Ultima actualización: 27 mayo 2018