Ultima actualización: 28 noviembre 2020

Irma Vep, “a latex comedy”

Entre las heroínas de látex o cuero que hemos ido mencionando en este blog (recientemente, la Emma Peeel de “Los Vengadores”) no sería justo olvidarse de Irma Vep. Quizás no sea de las más populares. Pero esto no la hace menos grande.

Irma Vep es la protagonista de una película que precisamente se autodefine como “a latex comedy”. Es obvio decir que la actriz Maggie Cheung, en su papel de Irma Vep, destaca por lucir un ajustado catsuit de látex negro.

Irma Vep (cambiando el orden de las letras se lee “Vampire”) es una película de esas que llaman de culto. Repleta de citas, guiños y referencias para delicia de las personas cinéfilas. De hecho, el catsuit de látex de Irma Vep es deudor del de la Catwoman de Michelle Pfeiffer en “Batman Returns” (1992) y, más remotamente, del disfraz de Musidora en “Les Vampires” (1915). Pero mientras el catsuit de látex de Catwoman está hecho a base de retales cosidos, quizás para atenuar un poco su carga erótico-fetichista y hacerlo parecer más gatuno, el de Irma Vep está comprado, directamente, en un sex shop.

Irma Vep es una película de Olivier Assayas que se presentó en el festival de Cannes del año 1996. Existen versiones en DVD y Blu-ray.


Ultima actualización: 09 noviembre 2020

The Minotaur, cerca del BDSM

The Minotaur (el minotauro) es un proyecto fotográfico del artista francés Pierre Redon (Clermont-Ferrand 1976), un creador transdisciplinar, capaz de integrar la música -que constituye el eje principal de su trayectoria- con otros muchos ámbitos, siempre en busca de simbolismos, tratando de conectar lo consciente y lo inconsciente, lo real con lo imaginario, etc. Su intención ultima es explorar ese fondo irracional que nos mueve y mueve casi todo.

Así, para The Minotaur, se apoya en un texto de Georges Bataille, uno de los grandes teóricos del erotismo, según el cual el mitológico minotauro, medio animal medio humano, simbolizaría a la perfección el instinto animal que permanece en lo más profundo de las sensaciones eróticas.

Las imágenes que componen The Minotaur, estructuradas en varias series, son pura fantasía. Densas, barrocas, imaginativas, extremas, obscenas, brutales. Algunas veces recuerdan la imaginería de los cuentos infantiles, nada inocentes. Otras parecen inspiradas en exóticos rituales. Otras son como la evocación de juegos perversos. Casi siempre aparecen cargadas de erotismo y de violencia, sea implícita o simbólica. Lo racional y lo irracional. Lo humano y lo animal. Y es en este punto de confluencia entre el erotismo, el ritual y la violencia simbólica, que la imaginería de The Minotaur se acerca mucho al imaginario BDSM. Sin duda, no es BDSM lo que The Minotaur refleja, pero quizás sí que expresa algo de su trasfondo, siempre según el enfoque teórico de Georges Bataille.

The Minotaur se expuso en el año 2019 durante el festival europeo de la foto de desnudo que tuvo lugar en Arlés. Ahora puede consultarse en esta web (haz clic aquí)



Ultima actualización: 11 octubre 2020

Zona reservada del sado. Taboo

“Zona reservada del sado” es una revista de temática BDSM y afines que se publicó en España entre 1999 y 2007. Sobresalía por las ilustraciones -era sobre todo una revista para mirar- con fotografías de calidad debidas a grandes y famosos fotógrafos fetish tales como Suze Randall, Henry Moore o Jo Hammar, entre otros muchos.


“Zona reservada del sado” era un producto en español de la factoría LFP de Larry Flynt, más concretamente una derivada de Taboo o Hustl’er’s Taboo, la revista de LFP especializada en temática fetish y bondage. Salía a la calle con periodicidad bimestral (un numero cada dos meses, seis números al año).

Como editora en España aparece S. Books, de Barcelona. Sin embargo, los contenidos de “Zona reservada del sado” son completamente ajenos al mundillo local. En cuanto a contenidos publicitarios, “Zona reservada…” parece ser un vehículo para anunciar teléfonos eróticos. Abundan los anuncios de líneas calientes y en cambio sorprende la escasez de referencias a internet y a páginas web. Pero internet ya estaba ahí y no tardaría en zamparse revistas como “Zona reservada del sado”.



Ultima actualización: 27 septiembre 2020

La novela Eva y la (mala) memoria del erotismo

En una entrada anterior hablábamos de Castelldefels-sur-Mer, una novelita “galante” de escaso interés como tal, pero digna de ser reseñada como testimonio fehaciente de un cambio radical respecto a la sociología del cuerpo. Hoy hablamos de la colección de la que formaba parte, La novela Eva. Es oportuno hablar de esta colección, al igual que en su momento dedicamos una entrada a otra colección similar, La novela del día, porque constituyen referencias fundamentales para la historia del erotismo en nuestro país y en cambio, si nadie se propone repararlo, es imposible encontrarlas en las bibliotecas públicas. Es decir, están excluidas de la memoria colectiva. Hay que rebuscarlas en portales de coleccionismo y en mercadillos o tiendas de libro viejo, etc. Es muy necesario documentarlas, dejando constancia de su existencia.

La novela Eva no es ninguna rareza, sin embargo. Es una de las muchas colecciones de novelitas “galantes” que se editaron en Barcelona entre los años 20 y 30 del siglo XX, casi hace un siglo. Se conocen hasta 78 números de esta colección (aunque algunos autores cuentan menos, concretamente 66). Son libritos de 48 páginas, formato de bolsillo (15,5 x 10,5 cm.) y temáticas que oscilan entre lo picante y el erotismo suave (nada de BDSM), quizás buscando la complicidad de cierto público femenino, a juzgar por la denominación de la colección y teniendo en cuenta que la misma editorial publicó otra colección llamada La novela Adán (“compañera de la no menos atractiva Eva”). De hecho, la editorial era “Ediciones Adán y Eva”, aunque en realidad se trataba de un sello de las conocidas Ediciones Bistagne, con sede en el Pasaje de la Paz numero 10 bis de Barcelona. Esta editorial era muy popular, sobre todo, por su orientación hacia el mundo del cine (fue la editora de la popular revista “La novela semanal cinematográfica”).

Para ser exactos, los primeros títulos de La Novela Eva (hasta el numero 15) aparecieron bajo el sello de Ediciones Bistagne constando como director Francisco Mario Bistagne.

La mayoría de los títulos de La novela Eva son los habituales en este tipo de libritos, insinuando algo picante. Muy frecuentemente, los protagonizan mujeres (ejemplos: La rubia del taxímetro; Encarna, la enigmática; La aprendiza de modelo; La ardorosa camarera, etc.)

Los nombres de los autores corresponden a seudónimos de lo más variado: nombres de mujer (Lina, Dora, Mary); de hombre (Mingo, Arturo, Tony, Pepe); diminutivos (Pepín, Felipín, Fernandín, Eugenín); nombres de cuatro letras (Lili, Mimi, Jeje, Riri) o seudónimos típicos como Don Lolo, Don Nadie, Amaniel, Genrosi, Epsilon, Burlón, Rigolo, etc. A saber cuántas personas había realmente detrás de tal cantidad de seudónimos. Es posible que no muchas. Algunos de estos seudónimos también firmaron títulos de La novela Adán, la colección hermana. Sólo unos pocos títulos de La novela Eva van firmados por autores conocidos, concretamente Alfonso Vidal y Planas, José Reygadas o Domingo de Fuenmayor.

En cambio, el autor de las ilustraciones de todos los títulos de la colección es siempre el mismo: Kif, seudónimo que corresponde a Marc Farell i Jorba (1902-1982) un dibujante cuyas escuetas notas biográficas raramente mencionan su prolífica actividad en el ámbito de la novelita “galante” o erótica (firmando Kif o también Noé. Este último fue el seudónimo utilizado por Farell en La novela Adán). Cada librito de La novela Eva contiene, por regla general, tres ilustraciones en negro más la portada, en tricromía.

La novela Eva apareció semanalmente a lo largo de dos años, hacia mediados de la década 1920-30, quizás entre 1925 y 1926. Cada librito costaba 30 céntimos de peseta.

Estos son los títulos de La novela Eva que he podido documentar, por ahora (principalmente a través de Todocolección, de donde también proceden las imágenes):

1 La rubia del taxímetro, por Domingo de Fuenmayor. Ilustraciones de Kif

2 La manicura que no sabía decir que no, por Lili. Ilustraciones de Kif

3 Santa Madrona (aguafuerte de los barrios barceloneses), por José Reygadas. Ilustraciones de Kif

4 Impresión… eléctrica, por Lina. Ilustraciones de Kif

5 Encarna, la enigmática, por Dora. Ilustraciones de Kif

6 Casada… y como si nada, por Don Nadie. Ilustraciones de Kif

7 Cuatro maridos

8 El caso de Clarita, por Lina. Ilustraciones de Kif

9 La sota es un “as”, por Don Lolo. Ilustraciones de Kif

10 Por la cuenta de nueve, por Perla Gris. Ilustraciones de Kif

11 El lunar de Magda, por Mimi. Ilustraciones de Kif

12 Tres… eran tres, por Tony. Ilustraciones de Kif

13 Claudina tiene un amante, por Gosette. Ilustraciones de Kif

14 Una morena y una rubia, por Mingo. Ilustraciones de Kif

15 Pensión a todo estar, por Pepe. Ilustraciones de Kif

16 ¡Caray con la inocencia! por Rigolo. Ilustraciones de Kif

17 El capricho, por Jajay. Ilustraciones de Kif

18 El tiro por la culata, por Mignon. Ilustraciones de Kif

19 Juanita, la loca, por Farol. Ilustraciones de Kif

20 La aprendiza de modelo, por Burlón. Ilustraciones de Kif (esta novela tiene una segunda parte en el núm. 31 de la misma colección: La sal de una lionesa)

21 Amor y garbanzos, por Rigolo. Ilustraciones de Kif

22 El coleccionista de mujeres, por Tony. Ilustraciones de Kif

23 Sombras de burdel (novela corta, moralísima, escrita expresamente para La novela Eva), por Alfonso Vidal y Planas. Ilustraciones de Kif

24 La impaciente Milín, por Lina. Ilustraciones de Kif

25 Las romanas caprichosas, por Jeje (en cubierta, Modesto). Ilustraciones de Kif

26 Las “rodilleras”, por Jeje. Ilustraciones de Kif

27 Mi mujer vale un imperio, por Pepín. Ilustraciones de Kif

28 El hombre es fuego… la mujer estopa… por Don Nadie. Ilustraciones de Kif

29 Historia de un sofá (lo que he visto y lo que he sentido)

30 Casa de huéspedes, por Tony. Ilustraciones de Kif

31 La sal de una lionesa, por Burlón (segunda parte de La aprendiza de modelo, núm. 20). Ilustraciones de Kif

32 Saldo de cuentas, por Felipín. Ilustraciones de Kif

33 Una niña “bien”, por Tony. Ilustraciones de Kif

34 Castelldefels-sur-Mer, por Lilí. Ilustraciones de Kif

35 El tranquilo Don Mariano, por Tony. Ilustraciones de Kif

37 La marquesa caritativa, por Amaniel. Ilustraciones de Kif

38 Una chica complaciente, por Pepín. Ilustraciones de Kif

39 La rotura, por Lina. Ilustraciones de Kif

41 El Municipio y la cama, por Felipín. Ilustraciones de Kif

42 El mesón de los tres nabos, por Jamalají. Ilustraciones de Kif

44 El pobrecito inocente, por Lina. Ilustraciones de Kif

46 Un romántico, por Lulú. Ilustraciones de Kif

48 ¡Las ocho, señorito Pepe!, por López. Ilustraciones de Kif

49 La culpa fue… de aquella liga, por Pepín. Ilustraciones de Kif

51 Cascarrubias, por Niní. Ilustraciones de Kif

52 De infantería, cuatro, por Felipín. Ilustraciones de Kif  

54 Pero se casan con los barbudos, por Amaniel. Ilustraciones de Kif

55 La vocación, por Lina. Ilustraciones de Kif

56 Las vírgenes locas, por Mary. Ilustraciones de Kif

57 Un arma irresistible, por Arturo. Ilustraciones de Kif

58 Desde la estación a la cama, por Fernandín. Ilustraciones de Kif

60 Engendradoras de deseos, por Genrosi. Ilustraciones de Kif

61 Eva, la ansiosa, por Eugenín. Ilustraciones de Kif

62 La bayadera, por Epsilon. Ilustraciones de Kif

64 Los tres mosquiteros, por Lina. Ilustraciones de Kif

66 Una “Miss” mas, por Genio. Ilustraciones de Kif

68 Los secretos de Venus, por Felipín. Ilustraciones de Kif

69 Haciendo el taxis, por Zita. Ilustraciones de Kif

70 La culpa fue de aquel maldito tango, por Eugenín (en cubierta Nin-San). Ilustraciones de Kif

73 María, la del folletín, por Lina. Ilustraciones de Kif

74 La ardorosa camarera, por Riri. Ilustraciones de Kif

76 La gallina y el conejo (fábula), por Lina. Ilustraciones de Kif

78 El “trio” fresco, por Riri. Ilustraciones de Kif

 

Ultima actualización: 13 septiembre 2020

Diana Rigg, Emma Peel y el catsuit de cuero

La semana pasada falleció la actriz británica Diana Rigg, a los 82 años. Su trayectoria ha sido larga y tuvo uno de sus momentos estelares cuando en los años 60 del siglo XX encarnó el personaje de Emma Peel para la serie televisiva “Los Vengadores” (The Avengers) entre 1965 y 1968. Emma Peel se caracterizaba por vestir muy a la moda -hasta ser considerada un icono del estilo pop británico- y sobre todo es recordada por su indumentaria de cuero.


Los trajes de cuero de Emma Peel y muy especialmente el catsuit que lució en algunos episodios de “Los Vengadores”, reforzaban su carácter de mujer fuerte e independiente, experta en artes marciales. Junto a la Catwoman encarnada por Julie Newmar, Emma Peel fue posiblemente la primera heroína televisiva vestida íntegramente de cuero. En un episodio de la serie (A touch of Brimstone, 1966) los guionistas la caracterizaron como una Dominatrix.

Había una importante carga erótico fetichista en la indumentaria de Emma Peel, intencionada y cuidadosamente seleccionada. Sin embargo, el catsuit de Emma Peel, llevado por Diana Rigg, era todavía lo que esta prenda fue en origen: una pieza de la indumentaria laboral, el mono de trabajo. Quizás de aviadora o de motorista o muy posiblemente de astronauta (por influencia del diseñador de moda francés André Courrèges y su famosa colección Space Age). La indumentaria de la Barbarella interpretada por Jane Fonda en aquella misma época estaba también en una onda de alta costura futurista. En cambio, el catsuit de Catwoman era otra cosa, más primaria, felina y sensual.

Sea lo que sea, es en la década de los 60 que el catsuit se convierte en un atributo característico de la mujer empoderada, heroína o villana. Y esto incluye, por supuesto, a la Dominatrix BDSM, que también incorporó pronto el catsuit de cuero como pieza icónica de su indumentaria.

Un recuerdo para Diana Rigg


Ultima actualización: 21 agosto 2020

Castelldefels-sur-Mer y la conquista del cuerpo

Castelldefels-sur-Mer podría parecer una novelita de costumbres intranscendente y sin embargo se erige en testimonio de un hecho decisivo: como a principios del siglo XX los baños de mar y de sol supusieron un paso muy importante a favor de la conquista del propio cuerpo, hasta entonces encorsetado y oculto de pies a cabeza por una indumentaria rigurosamente codificada.

Vayamos por partes. En primer lugar, la referencia de esta obrita, una de las muchas, muchísimas, novelitas “galantes” que se editaron en Barcelona entre los años 20 y 30 del siglo XX. Castelldefels-sur-Mer es el número 34 de la colección “La novela Eva” editada por “Ediciones Adán y Eva”, en realidad un sello editorial alternativo de las conocidas Ediciones Bistagne de Barcelona. Su autor o autora firma bajo el seudónimo Lilí y las ilustraciones se deben a KIF, seudónimo del dibujante Marc Farell Jorba.

Lilí: Castelldefels-sur-Mer. Barcelona, ediciones Adán y Eva, s.d. (hacia 1925-26) Colección La Novela Eva núm. 34. Ilustraciones de KIF (seudónimo de Marc Farell Jorba) 48 páginas

El título Castelldefels-sur-Mer, hace referencia a Castelldefels, la conocida población cercana a Barcelona. Lo de sur-mer busca paralelismo con la forma como en Francia se identifican las poblaciones famosas por ser lugar de baños de mar.

El argumento: doña Ramona Casanova (“una dama setentona, alta, flácida, huesuda, acartonada. Usaba lentes. Vestía un traje de levita…”) es una mujer de rigurosa moral en quien la gente bien de Barcelona confía para que vigile a sus hijos cuando van a la playa de Castelldefels. Como es de suponer, doña Ramona es continuamente burlada por la muchachada hasta que al final abandona sus responsabilidades como guardiana de la moral.  

La popularización de los baños de mar y de sol fue mucho más que una conquista del higienismo moderno. También aportó un cambio fundamental respecto a la socialización del propio cuerpo. En la playa, el cuerpo, que las convenciones sociales querían oculto por la indumentaria, se expone a plena luz. Y doña Ramona descubre al fin que “aquel escenario era la verdad sin ridículos escrúpulos ni preocupaciones ciudadanas. El mar, el cielo, la arena fina y candente… Así se comprendía que luego del baño… mujeres y hombres sintiesen la atracción, el imán de sus cuerpos sin veladuras molestas e inservibles. Un momento, doña Ramona percibió que el desnudo era la otra verdad, sincera y pura”.


Ultima actualización: 02 agosto 2020

Popeye, el sado y las espinacas

Popeye el marino dándole la vuelta a una sesión con una enigmática Ama, gracias al poder de las espinacas. Historieta de Scaramuix (seudónimo de Joan Romaní) publicada en el número 11 de la revista Bésame mucho. Año 1981.

Debe ser una de las primeras historietas SM de producción local publicadas en España durante la transición, con honores de portada. Como ya se ha comentado otras veces, el cómic fue decisivo para la recuperación de la presencia pública del imaginario BDSM en la España de la transición. 


Ultima actualización: 18 julio 2020

Pansy Ass: más kitsch que Lladró

Pansy Ass es la firma de una pareja de artistas de Toronto, Canadá (Andrew Walker y Kris Aaron), que desde 2015 han adquirido notoriedad por sus piezas de porcelana de un gusto descaradamente kitsch y de contenido erótico explicito. Mayoritariamente de orientación gay masculina, incluyendo referencias al BDSM.

En su propia página web declaran: “en nuestra obra exploramos la identidad y la cultura gay masculina utilizando la porcelana y el arte decorativo como medios. La fragilidad, la elegancia y el prestigio de la porcelana, así como su rol tradicional en el ámbito doméstico, la convierten en un interesante vehículo para explorar temas alternativos y populares de cultura, identidad y sexualidad”.

Los precios de las piezas de Pansy Ass, de producción limitada, oscilan entre los 80 y los 500 dólares.





Ultima actualización: 04 julio 2020

Bonding, la serie

Bonding es la serie de Netflix estrenada en 2019. Una temporada, 7 episodios de unos 15-20 minutos de duración cada uno. Se confirma que va a a haber una segunda temporada.

La trama: Tiff Chester es una estudiante de psicología que ejerce como dominatrix en Nueva York para sacarse un dinero extra. Puesta en su rol de dómina, Tiff es Ama May y al parecer tiene bastante éxito. Ama May contrata a su amigo Pete para que sea su asistente. Pete necesita la pasta y acepta, aunque al principio no acaba de sentirse cómodo con su trabajo. Pete es tímido y sus preferencias sexuales van por otro lado. Entre Tiff y Pete hay una tensión sexual no resuelta, como entre los protagonistas de tantas series de éxito.

Tiff enfoca su papel de Ama como un ejercicio de psicología, un juego de rol que culmina cuando lo representa frente a sus compañeras de clase. Para Pete, en cambio, ser Carter, el asistente de Ama May, es como una oportunidad de convertirse, dentro de la mazmorra, en el actor que siempre había deseado ser. Nada de infancias traumáticas o de pasados oscuros que redimir al estilo Grey. 

En realidad, Bonding no va de BDSM. O no va sólo de BDSM. Bonding no es un documental sobre BDSM. Bonding tampoco es una exaltación esteticista del látex, el cuero y los tacones de aguja. Bonding es una comedia envuelta en colores luminosos y alegres, explícitamente inspirados en Almodóvar. Adoptando tono de comedia, Bonding desdramatiza situaciones que enfocadas de otra forma podrían resultar francamente sórdidas. Véase, por ejemplo, como se trata la lluvia dorada en el episodio 2. Aunque no esconde la dificultad de socializarlo, Bonding transmite una imagen desenfadada del BDSM. Impagable la escena del Ama haciendo una sesión de cosquillas (cuando te podrías esperar azotes) en el episodio 4. O la de los pingüinos en el episodio 6. Importante: Bonding también nos presenta a una Tiff/Ama May valiente, que lucha contra el acoso sexual remarcando la diferencia fundamental entre BDSM consensuado y abuso.

Más allá del BDSM, en esta primera temporada, Bonding habla de lo complicada que puede ser, especialmente para “los raritos” del instituto (ambos protagonistas lo fueron, y eso es lo que los une) el tránsito a la vida adulta. De la lucha por construirse una identidad y relacionarse con los demás. Y sobre todo, Bonding habla franca y libremente sobre diversidad sexual. A ver qué aporta la segunda temporada.


Ultima actualización: 06 junio 2020

¡Vaya una mujer! Un látigo escurridizo

¡Vaya una mujer! es una de las típicas novelitas eróticas publicadas en nuestro país antes de la Guerra Civil española formando parte de colecciones populares como La Novela del día (a la que ya dedicamos una entrada del BdeWM) o Medianoche, de la que ¡Vaya una mujer! es el número 34.

Referencia del librito: F. Ros: ¡Vaya una mujer! Barcelona: Ediciones Medianoche, s.d. (hacia 1925-30) [Colección Medianoche, núm. 34] 32 páginas. lustraciones de Adán.

En la portada una mujer semidesnuda empuñando un látigo y tres hombres arrodillados a sus pies, elegantemente vestidos de frac. Esto parece sugerir una historia de dominación femenina, pero no es exactamente así. La portada resulta equivoca porque el relato es simplemente la historia de una mujer que se confiesa egoísta y que aclara: “mi egoísmo tiene dos fetiches a los que adora por encima de todo: el dinero y el placer. Llenar la bolsa y saciar la carne son para mi los dos fines más hermosos, más altos, y más completos de la vida” (p. 21-22). A lo largo del relato, el látigo no aparece por ninguna parte. Un ejemplo más de la utilización del sadomasoquismo y su iconografía como reclamo (en esta otra entrada he hablado del sadomasoquismo insinuado, un fenómeno bastante extendido en la literatura erótica)

La historia se desarrolla en cuatro partes y cada una de ellas culmina con la descripción bastante detallada de una escena amorosa. Estas escenas constituyen lo que realmente sustenta el librito.

Primera parte: Olga vive en La Haya, rodeada de lujos. Es una chica de buena familia, cuyo padre ha enviudado y se relaciona con Madame Marcela Paf, también viuda y muy fogosa. Y ahí vienen algunas páginas describiendo el encuentro entre ambos viudos.

Segunda parte: con dieciséis años. Olga abandona La Haya y decide marchar a París, en busca de libertad y de aventuras. Durante el viaje conoce a Rafael, un chico español, estudiante de ingeniería en Lieja. Y aquí unas cuantas páginas más describiendo la escena entre ambos en su departamento del tren expreso.

Tercera parte: han pasado 10 años. Olga ya tiene 26 y posee una mansión en Paris, en la rue Miromesnil: “soy rica, muy rica, y todas las revistas galantes y todas las ilustraciones y todos los periódicos que se publican en París y en las grandes capitales de Europa y América, de carácter frívolo, alegre o elegante, llevan mi nombre y las señas de mi casa” (p. 20)

Queda claro que Olga se dedica a la prostitución de alto standing pero también a la producción de cine porno: “soy dichosa almacenando dinero. He sido amante de los hombres más famosos, más ricos o más elegantes de Francia y aun de Europa… Toda la gente chic que desfila por París pasa por mis salones… Esto del salón ya saben lo que es, en una casa como la mía, las gentes elegantes que vienen a la Ville Lumière de todas las partes del mundo: hay un écran artístico, donde se pueden ver las escenas más seductoras del amor carnal a lo vivo, tomadas aquí, en mi casa, con mujeres hermosísimas, con hombres de una belleza de Apolo viviente… Hay una mujer de éstas a la que hay que pagar diez, doce y veinte mil francos para que se preste a…. todo y se deje tomar por la cámara cinematográfica en los momentos culminantes del amor. A veces contrato matrimonios o parejas que me cuestan un dineral; pero luego cada cinta de estas produce una fortuna… Tengo en mi casa restaurant galante, alcobas galantes, ciento veinte cuartos de baño… galantes también. El amor se practica aquí con una libertad, con una belleza y un marco de fastuosidad y de elegancia como nadie fuera de París puede sospechar.” (p. 22)

Olga tiene un amante, un tal Ives: “joven como yo, lleno de vida como yo, hermoso como yo… Los dos nos pedimos las caricias más raras, los besos más terribles, en un crescendo admirable de amor carnal… Nos hemos echado al suelo entarimado y aquí, sobre la piel del tigre de Bengala, nos pedimos mutuamente mil placeres locos, refinados, perversos… Nuestras actitudes son las más extrañas, las más lúbricas, las más feroces y terribles y obscenas que puede adoptar el cuerpo humano…Los dos bramamos, nos mordemos, nos lamemos por doquier… A momentos somos dioses…y en el momento siguiente somos cerdos… Esto lo es todo, el principio y el fin de nuestra vida…” (p. 27-28)

Cuarta y última parte: durante una estancia veraniega en Biarritz, una tal Madame Myrha se acerca a Mademoiselle Olga. Una vez en su casa “Madame Myrha se arroja sobre mi... Me besa, me muerde y murmura…” (p. 31) Lo que viene a continuación es fácil de imaginar.

Las ilustraciones del librito (tres más la de la cubierta) las firma Adán, que ilustró la mayoría de títulos de la colección Medianoche y que al parecer no es la misma persona que por aquella misma época firmaba “Adam” (esta última identificada como Joan Colom Agustí). F. Ros, que figura como autor del texto, es muy probablemente un seudónimo.