Ultima actualización: 19 agosto 2015

El elogio que Víctor Ripalda dedica al Marqués de Sade en Doña Juana, Juanita y Juanón

Último comentario sobre Doña Juana, Juanita y Juanón, de Víctor Ripalda (seudónimo de Joan Sanxo Farrerons), una novela erótica con contenido sadomasoquista publicada hacia 1930, a la que ya he dedicado varias entradas: una sobre su trama, otra sobre la mazmorra de la protagonista y otra sobre la indumentaria de cuero de Doña Juana (enlaces al final)

Destacaré ahora el elogio que el autor dedica al Marqués de Sade, ya que no es habitual. Lo habitual en la novela erótica española de la época es presentar a Sade como un aristócrata degenerado y a sus seguidores como gente enferma.

Por su elogio al “inmenso” Marqués de Sade, Víctor Ripalda (o sea, Joan Sanxo Farrerons) se aproxima en cambio a la reivindicación vanguardista de Sade, utilizada para poner en cuestión el orden y la moral burguesas. Obviamente, esto tiene mucho que ver con la ideología libertaria del autor.

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“Dijo el inmenso Marqués de Sade, y dijo ciertamente muy bien, que la virtud que menos aprecia el hombre en una mujer, es la de su sexo. Eso, que parece una vulgaridad, podría ser piedra angular de una escuela filosófica. En efecto: el hombre habla mucho, habla continuamente de la virtud sexual de la mujer, y la coloca en la cima de sus preocupaciones éticas y morales. “¡La mujer debe ser honesta, recatada, virtuosa!” exclama en todo momento… Y alrededor de esta entelequia establece una moral, cimienta una civilización, trenza unas leyes y unas normas que afiancen la vida de relación y sean el pétreo fundamento de la familia, para luego pasarse la existencia buscando cerebralmente los medios de hacer caer a la mujer, de apartarla del camino de la virtud y convertirla en sujeto exclusivo de su concupiscencia sexual” (p. 58).

 “¡Los hombres no deben ser esclavos de sus pasiones! Impreca sentencioso el comerciante que ha sorprendido al aprendiz mirando furtivamente las pantorrillas de la mecanógrafa. Pero la mecanógrafa ha de ahogar una diabólica carcajada porque no ignora que el comerciante la obliga muchas noches a quedarse sola con él” (p. 59).
WhipMaster




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